Los espectáculos taurinos en nuestro país están vigentes desde el siglo XII, pero actualmente esta tradición está atravesando por un momento de inestabilidad y de cierto peligro, debido a las quejas por parte de los grupos “anti taurinos” para abolir esta fiesta recientemente considerada de interés cultural.
El debate ha comenzado en el pueblo catalán, donde un grupo de personas comenzó a demandar la abolición de las corridas de toros en todo el territorio de Cataluña. En un principio estas protestas fueron ignoradas, pero el debate se ha ido profundizando hasta llegar al gobierno catalán. Cierto es que las corridas de toros en Cataluña se han ido empobreciendo con el paso del tiempo, pero la extensión de la protesta ha llegado hasta la Comunidad de Madrid, donde muchos diarios han puesto en portada a la presidenta, Esperanza Aguirre, con un capote en mano defendiendo la fiesta nacional. Pero, ¿por qué en Cataluña se pone en peligro la tradición y en Madrid se ignoran las quejas? Quizá se trate de una cuestión política, alejándose de la mera tradición, pero el caso es que la presidenta tomó la plaza de toros de Las Ventas para rodar un anuncio publicitario en el que declara la fiesta Bien de Interés Cultural en la Comunidad.
La presidenta de la comunidad, una vez más, pone cara a las quejas recibidas en contra de la tauromaquia, pero con argumentos como “abolirla sería atacar contra la propia cultura del país” o “se trata de una tradición milenaria” ha conseguido su objetivo, y al menos en Madrid las corridas de toros seguirán vigentes por mucho tiempo. Diferente es el caso de Cataluña, donde la fiesta taurina pierde espectáculos por minuto. Aguirre afirma que se trata de una disputa política, entendiendo por esto el choque entre ambos partidos, Partido Popular y Partido Socialista, en el que el primero está a favor de la tauromaquia y el segundo en contra. Es posible que sea así, y que quizá las ideas independentistas de gran parte de la población catalana asignen los toros con el conservadurismo, y por consiguiente, con los populares.
En definitiva, esta “disputa” se puede ver desde dos perspectivas: en primer lugar, como una continua rivalidad entre las ciudades de Madrid y Barcelona; en segundo lugar, la necesidad de abolir las corridas como signo característico de la comunidad catalana. Lo cierto es que es una tradición con más de ocho siglos en España, causa de la cual hace que en ferias señaladas aumente el turismo, y por lo tanto revocarla sería una locura. Pero por otro lado vemos como los animales sufren mientras los aficionados disfrutan.
¿Quién ganará la batalla?



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