No debería ser así, pero actualmente la política y el periodismo mantienen una íntima relación en la que posiblemente cualquiera de los dos se derrumbaría sin el otro. Los políticos ya no piensan en como “conquistar” a las masas, o cómo resolver los problemas del país, sino que prefieren contratar un estilista para que les digan qué tipo de corbata han de ponerse, cuál es su mejor perfil, o el color de traje. Hechos tan absurdos como los ejemplos anteriores están corrompiendo la política, arrastrando por consiguiente al periodismo.
Las noticias que acompañan a las fotos en los periódicos pierden su valor, puesto que los lectores prefieren observar una foto con su respectivo pie de foto antes que leerse una noticia de cinco o seis párrafos en la que me va a describir la imagen. Lo audiovisual está ganando a lo lírico, el gran trabajo y esfuerzo que supone desarrollar y escribir adecuadamente una noticia está siendo desplazado por el trabajo de una cámara de fotos en la que una persona determinada (sin la necesidad de ser periodista) pulsa un botón y automáticamente obtiene la respuesta. Es triste, pero es la realidad.
¿Qué importa más, la imagen de Zapatero y Obama dándose la mano o un texto de cómo transcurrió el acto? Los políticos con el día a día nos están dando la respuesta, por lo que ellos, sólo ellos, nos pueden explicar por qué se preocupan más por cosas tan absurdas como el pose o el color de la corbata, cuando hay personas que luchan cada día en la calle para obtener un solo euro y las cuales serían felices con el dinero que cuesta el traje de Esperanza Aguirre, por ejemplo. ¿Por qué no despreocuparse de la imagen personal y preocuparse del pueblo? Es una gran pregunta, sin duda.
Y ojalá todos los problemas fueran de imagen, pero también estos presumidos políticos intentan muñir a sus ciudadanos dando a conocer los hechos que ellos quieren que se conozcan, y nos los reales y verídicos. Como destaca Cebrián, presidente del grupo PRISA, en su artículo, los políticos se han encargado de fomentar la repulsa hacia la nueva Televisión Digital Terrestre (TDT). Ellos no han explicando nada a cerca de la Ley de Comunicación Audiovisual o las ventajas y desventajas de la televisión digital. Simplemente han “dado bombo” y han hecho comercial un servicio calificado como necesario.
Adquirir una nueva televisión ha sido la meta de muchas familias en los pasados meses, pero la desinformación de éstas era enorme. ¿A quién podemos consultar en estos casos? Miles de preguntas carecen de respuesta hoy en día, donde los políticos se están convirtiendo en sensacionalistas, y por lo tanto, los diarios se interesarán por aquello que de verdad cause un efecto, y no por la novedad, por el hecho informativo.
Una posición idealista sería decir que las nuevas generaciones de periodistas debemos y podemos cambiar esta situación, pero no. Algo tiene que cambiar desde arriba, desde las llamadas élites del país.



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